En la actualidad, las alusiones a un “fin de ciclo” vienen atravesando los más diversos debates, comenzando por la crisis mundial del capitalismo. La ilusión del mercado autorregulado, que fue uno de los puntales de la ideología neoliberal, se encuentra hoy en franco retroceso. Los años de crecimiento económico internacional bajo el impulso del consumo y el sobreendeudamiento de los hogares norteamericanos se mostraron como una “burbuja” en el marco de un capitalismo crecientemente incapaz de reproducir sus propias relaciones sociales de producción.
En este marco, políticos, periodistas y analistas han retomado la figura de Keynes presentando sus propuestas como una alternativa “progresista” para manejar y enfrentar la crisis. En “Apuntes a propósito de Keynes, el marxismo y la época de crisis, guerras y revoluciones”, Paula Bach analiza detalladamente cómo su teoría, a pesar de tomar en consideración muchos de los elementos que la economía tradicional estaba lejos de captar, era la de un pensador del Imperio británico que reconociendo la bancarrota del capitalismo del laissez faire, buscaba salvar las bases del capitalismo en una época de crisis, guerras y revoluciones.
En la Argentina, pasados todos estos años de crecimiento a tasas históricas donde el kirchnerismo combinó continuidad con los ‘90 y rasgos neodesarrollistas, no ha variado en lo sustancial la estructura económica y social de nuestro país. Como analizan Christian Castillo y Fredy Lizarrague en “Hacia el fin de un ciclo”, a pesar de los subsidios a la industria no se ha dado un proceso de reindustrialización sino apenas una recuperación de los niveles precrisis. Se han mantenido la extranjerización de la economía, la concentración de la propiedad de la tierra y el endeudamiento externo. La recuperación de los niveles de empleo ha ido acompañada de una distribución regresiva del ingreso y una creciente diferenciación al interior de la clase trabajadora, manteniendo altos índices de pobreza.
A pesar de que en nuestro país, en comparación con la situación de las principales potencias imperialistas, la crisis recién está llegando, el ciclo virtuoso que permitió el repunte post 2001 se ha agotado. La crisis entre el gobierno y las patronales agrarias constituyó un primer acto de esto.
Durante esta crisis vimos la emergencia de un bloque agrario constituido entre los propietarios nucleados en la Mesa de Enlace, las exportadoras, las multinacionales de semillas y agroquímicos, los pools de siembra, entrelazados con el capital financiero internacional, que arrastró tras de sí a una gran parte de las clases medias rurales y urbanas.
En “Renta agraria y desarrollo capitalista en Argentina”, Esteban Mercatante y Pablo Anino analizan las bases estructurales de este fenómeno: el rol clave que juega la renta diferencial en la acumulación capitalista en Argentina, las transformaciones de la producción agraria en las últimas décadas, y los mecanismos por los cuales esta renta se distribuye entre los distintos sectores de la burguesía y es un pilar central en la articulación de las alianzas burguesas. Contra las visiones que destacan la competitividad de “el campo” como base de una nueva “oportunidad histórica” para el desarrollo nacional, aquellos rasgos se han traducido en un desarrollo unilateral, inevitablemente desigual y combinado de la estructura económica, transformándose en otro factor de atraso relativo y dependencia del país.
Hoy, frente a las elecciones legislativas se debate el fin de otro ciclo. Sea que el kirchnerismo sufra una derrota que implique un salto en su retroceso político o que logre un resultado decoroso en las próximas elecciones legislativas y se fortalezca en la coyuntura, esto sólo definirá los tiempos y las formas en las que se desarrollará el fin del kirchnerismo tal como lo conocimos hasta hoy.
El pan-radicalismo senil se reunifica; el peronismo se ve obligado a enfrentar la crisis dividido entre aquellos que aún apoyan a Kirchner, como Scioli, el PRO-peronismo, y el sector encabezado por Reutemann; entre ellos se prefiguran posibles alquimias de cara al 2011 según sea el resultado de estas elecciones. Unos y otros se preparan para descargar la crisis en curso sobre las espaldas de los trabajadores.
En “La intelectualidad argentina entre el conformismo y la restauración”, Matías Maiello analiza cómo la intelectualidad no ha quedado ajena a estas disputas. Mientras que los sectores “republicanos” han recibido nuevos aires con el surgimiento del bloque agrario, los intelectuales kirchneristas agrupados en Carta Abierta se han alineado en la defensa del gobierno presentando la disputa actual como un conflicto entre la “restauración conservadora” y el “gobierno popular” sin poder dar cuenta de esta unidad de propósito entre las diferentes fracciones de los partidos burgueses y el entrelazamiento del kirchnerismo con los barones del conurbano y el mismo Scioli como posible variante de recambio para el 2011, sin que se pueda descartar un futuro acuerdo con Reutemann.
A su vez, lejos del discurso de “la nueva política” el kirchnerismo se ha recostado completamente en los intendentes del Gran Buenos Aires como estructura de poder territorial fundamental para superar las próximas elecciones. Esta estructura y los mecanismos en los cuales se basa, dentro de los cuales cumple un rol privilegiado el “clientelismo”, son analizados por Paula Varela en “Territorios de sujetos peligrosos” en debate con los teóricos que pretenden naturalizar estas prácticas y su papel en la política.
Mientras tanto, diferentes sectores de la vieja centroizquierda como el Proyecto Sur de Pino Solanas o el frente de Martín Sabbatella, se perfilan para ocupar el especio dejado por el kirchnerismo, especialmente entre las clases medias, y reeditar “experiencias” como el Frente Grande, el Frepaso, o la misma Alianza, de las cuales fueron protagonistas, como se muestra en el artículo “El eterno retorno de la vieja centroizquierda”.
Ahora bien, no sólo el poder territorial de los intendentes se ha constituido en una base fundamental para el mantenimiento del statu quo. La recomposición objetiva que durante los últimos años viene teniendo el movimiento obrero se tradujo en un mayor peso de los sindicatos en la escena política nacional. La burocracia sindical se ha convertido en el puntal para llevar a las organizaciones de los trabajadores detrás de las variantes de los diferentes partidos del régimen.
Mientras proliferan los despidos y se postergan las paritarias, Moyano ha transformando el acto del pasado 30 de abril en un acto de campaña oficialista. Por su parte la CTA se encuentra dividida entre el sector pro-gubernamental encabezado por Yasky y otro pro-mesa de enlace encabezado por De Gennaro, muchos de ellos embarcados en los diferentes proyectos de la centroizquierda.
Pero la crisis económica que todos tendrán que enfrentar será un golpe para las ilusiones de amplios sectores de la clase trabajadora que tuvieron esperanzas en participar de los “beneficios” del crecimiento de los últimos años, y que aún hoy acompañan diferentes variantes patronales con la intención de conservar el trabajo y mantener el salario.
En el período que se abre, es probable y a eso apostamos, que la experiencia con el kirchnerismo y con el gorilismo de la oposición sojera, bajo los golpes de la crisis, permita que franjas de los trabajadores y la juventud asuman como propia la construcción de una gran partido de la clase trabajadora, en lucha por un gobierno de los trabajadores.
Por último, frente a quienes quieren presentar como alternativa al gobierno de Hugo Chavéz, en “Las luchas obreras y la política de Chavez” Milton D’León y Ángel Arias muestran como el proceso actual de recomposición y luchas de los trabajadores venezolanos se enfrenta no solo a los empresarios sino también al Estado y sus fuerzas represivas.
La “conmoción” ideológica que trajo aparejada la crisis mundial del capitalismo ha despertado un renovado interés por las ideas del marxismo, y ha hecho cada vez más necesario su debate, estudio y difusión. Con este fin, hace casi 8 años que comenzamos a publicar Lucha de Clases y desde hace 4 años pusimos en pie el Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx”.
Estos “fines de ciclo” que comenzamos a vivir a nivel mundial y local llevan consigo el ocaso de una intelectualidad tradicional que en nuestro país fue abrazando diferentes variantes del conformismo social. Frente a ella un nuevo sector comenzó a perfilarse durante el año pasado cuando más de 600 intelectuales se pronunciaron por una alternativa independiente del bloque agrario y el gubernamental en la que los trabajadores impongan su propia salida a la crisis.
Quienes hacemos Lucha de Clases apostamos al desarrollo de una intelectualidad capaz de enfrentar el conformismo en todas sus variantes, combatir el sentido común dominante y proponerse junto a la clase trabajadora terminar con un sistema capitalista que ha demostrado históricamente que solo tiene para ofrecer nuevos niveles de barbarie.
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ISSN 1851- 8605